A veces ocurre que llegas a un lugar, muy lejano de tu casa, de tu espacio natural, que te resulta conocido. Alguien puede pensar que la sensación que experimentas puede ser algo así: ¡Qué gran alegría estar a 7000 kilómetros de casa y encontrar algo conocido!
Sin embargo, a mí no me ha ocurrido esto. El lugar puede ser parecido a lo que conoces, la arquitectura te puede resultar familiar e incluso te puedes encontrar a compatriotas en un puesto de tacos aderezando la carne con la salsa más picante que jamás has probado
Pero a la vez, te recuerda a toda la gente que tienes en tu casa, al pedazo de corazón que tuviste que dejar cuando te subiste al autobús, después de que tu abuela rejuveneciera 50 años para darte un abrazo que casi te parte en dos, y te sentaste al lado de un chico que tu primo (y esto también incluye a su hermano, mi otro hermano mayor) decía que vendía cd´s, mientras los mejores padres que alguien pueda tener te despedían. O cuando bajaste las escaleras de un edifico de San Sebastián con lagrimas en los ojos sabiendo que no volverías allí en mucho tiempo pero seguro de que el mundo os envidiaba.
O cuando llamaste "al" Nacho para ir de Allariz a Xunqueira después de una noche tan divertida como siempre, haciendo que parezca que en Galicia no pasa el tiempo. O cuando te despediste de tus amigos después de tomar ese café que solo sabe así cuando lo preparan con leche especial y que en casi ningún otro sitio utilizan; bueno sí, en el Lurpe, donde dejaste otro pedazo de corazón. O cuando saliste por última vez por la puerta del "Internado" que había sido tu casa durante 2 años. O cuando...
Pues esto es lo que me ha pasado en San Miguel de Allende. Una extraña mezcla de sentimientos encontrados, de estar en un lugar precioso que te gustaría compartir con lo tuyos, como si se tratese de una ciudad española de la que estás descubriendo su casco antiguo, léase Salamanca, Segovia, Toledo o cualquiera de esas increibles ciudades castellanas.
Por eso, os dedico esta foto y estas líneas a todos los que estais presentes en mi cabeza, en todo momento, y con quienes me gustaria compartir lo que vivo.
Y porque la vida también es esto, os mando, ya sabeis, un beso, un abrazo o lo que cada uno considere oportuno. Gracias por ser parte de mi.